sábado, 18 de mayo de 2013

Ramón Teja: “El TIJERAS”: lecciones actuales de un Ministro del Fisco del Emperador Justiniano





[Este artículo fue originalmente publicado en el Diario Montañés de Santander el domingo 5 de Mayo de 2013



En los tiempos que corren, cuando todas las administraciones parecen competir en recortes y austeridad en los Presupuestos, no me parece que esté de más recordar que se trata de una práctica muy antigua y que ha dejado su huella en la historia. Fue éste el caso de un alto responsable de las finanzas del Imperio bizantino durante el gobierno del famoso emperador Justiniano. Su cargo era el de logoteta y su nombre Alejandro. Pero pasó a la posteridad con el mote que le dieron sus contemporáneos, Psalidion, traducido al español “El Tijeras”, porque se hizo famoso por sus tijeretazos al gasto público. Le recuerda el historiador de la época Procopio de Cesarea en su famosa obra titulada Historia secreta donde se complace en narrar las corrupciones y abusos de todo tipo que se dieron durante el reinado de Justiniano. Dice Procopio que allí donde llegaban estos altos recaudadores del Fisco “no tardaban en destruirlo y arruinarlo todo” (XVIII,15). Alejandro fue enviado por el emperador a Italia en el 540, tras la reconquista del territorio por el Imperio bizantino, y allí se distinguió hasta tal punto por sus tijeretazos que Procopio lo hace el principal responsable de la rápida pérdida de Italia.


¿Quienes fueron las víctimas de Alejandro? Da la casualidad que sus recortes se volcaron sobre los funcionarios y los desheredados y que contó siempre con el aplauso del emperador. De los soldados y otros funcionarios dice Procopio que “se vieron reducidos a la miseria y la estrechez por su culpa y se vieron afectados por una pobreza y hambre extremas al verse privados de medios para procurarse lo que necesitaban habitualmente” (XXIV,10). Pero la avidez recaudatoria de este “Tijeras” no perdonó ni tan siquiera a los mendigos de Roma que vivían de la beneficencia pública y privada. Cito textualmente a Procopio por miedo a no ser creído: “Con respecto a los mendigos que se cobijaban junto a la basílica de Pedro Apóstol, el Tesoro siempre había establecido que se les proporcionaran tres mil medimnos (medida de unos 8,75 litros) de grano todos los años. Esta ayuda habían continuado recibiéndola todos ellas hasta que Alejandro Psalidio llegó a Italia, pues este hombre decidió suprimirlo todo enseguida y sin la menor vacilación. Cuando Justiniano, emperador de los romanos, se enteró de esto, dio su aprobación a esta acción y tuvo a Alejandro en mucho más aprecio que antes” (XXVI, 29-30). Además Procopio no olvida recordar que Alejandro y otros como él se enriquecieron de forma desorbitada, como ocurre en todas la coyunturas que ahora se denominan “crisis”. Y no está de más, pienso, recordar a los analistas que asesoran a las autoridades económicas de las Comunidades Autónomas, de España y de la Unión Europea promoviendo la denominada “austeridad” para rebajar el déficit y la deuda que una política similar le acarreó a Justiniano la rápida pérdida de Italia por la desmoralización de los funcionarios y los soldados y el aumento generalizado de la pobreza.


He leído recientemente que dos prestigiosos analistas económicos de la Universidad de Harvard, Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff, han defendido la teoría, que, por lo demás, ha inspirado a las autoridades comunitarias y al FMI, de que, cuando la deuda de un Estado supera el 90% de su PIB no puede haber crecimiento económico. Aducen que, para ello, se han basado en el estudio de 44 países durante los últimos 200 años, pero, al parecer, sirviéndose de datos erróneos o mal interpretados. Pero es más de lamentar que no se hubiesen remontado al siglo VI y hubiesen leído también la Historia secreta para conocer las consecuencias que los tijeretazos acarrearon al Estado bizantino. En cualquier caso, me parece que muchos políticos actuales han hecho ya méritos suficientes para pasar también a la historia, como el logoteta Alejandro, con el apelativo de Psalidion, “el Tijeras”.



P.D. Me he servido de la magnífica traducción de la Historia Secreta de Juan Signes en la colección de Clásicos Gredos cuya amena y apasionante lectura recomiendo a todos.