viernes, 8 de julio de 2016

Movilidad y transferencia artística en el Mediterraneo medieval (1187-1388)



Acaba de iniciar su andadura un proyecto de investigación dirigido por Manuel Antonio Castiñeiras González (Departament d'Art i Musicologia, Universitat Autònoma de Barcelona), con el nombre «Movilidad y transferencia artística en el Mediterraneo medieval (1187-1388): artistas, objetos y modelos-MAGISTRI MEDITERRANEI» (MICINN: HAR2015-63883-P). Resulta extremadamente interesante para nuestros estudios, ya que se plantea explicar en profundidad la interacción entre el arte bizantino y el occidental.
El proyecto es continuación de otro sobre el que encontraréis información en www.magistricataloniae.org.
La caída de Jerusalén en 1187 y la pérdida de Atenas por los catalanes en 1388 marcan dos siglos convulsos de movimiento y expansión de los distintos estados latinos del Mediterráneo que propiciaron como nunca paradigmáticos la movilidad y transferencia artística entre latinos, griegos y cristianos orientales. Tanto la “protección” y  peregrinación a los Santos Lugares como la creación de nuevas rutas de expansión militar y comercial llevaron a la Corona Catalano-Aragonesa o a ciudades como Venecia, Pisa o Génova a favorecer distintos procesos de apropiación de lo sagrado, adquisición de botines de guerra, o intercambio de regalos  de  significación político-dinástica o diplomática. Ello cristalizó en un inusitado  flujo de artistas, modelos y objetos así como en la afirmación ciertos mitos fundacionales  (Hércules) o  devociones  (S. Eulalia, S. Catalina, S. Tecla, S. Bárbara, S. Antonio, S. Jorge, S. Marcos, etc) que propiciaron la creación de fuertes y variadas identidades culturales. El arte de las Órdenes Militares, los préstamos del Islam,  el prestigio de las gestas de los cruzados, el encuentro de saberes, o la fascinación por Bizancio parecen haberse convertido en paradigmas de una época. Una serie de escenarios parecen haber especialmente propiciado esa peculiar interacción: la Catalunya Nova (Tarragona), Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia, el reino de Acre, la dinastía Lusignan en Chipre, el Imperio Latino de Constantinopla, o la aventura de los Gran Compañía Catalana en el Imperio Bizantino, con el consiguiente establecimiento del Ducado de Atenas y Neopatria. Se trata de un intercambio que va en dos direcciones, y que propició así interesantes procesos de aculturación e introyección artística hasta ahora no suficientemente  explorados por la historiografía y que deben ser entendido dentro del paradigma de una Edad Media global.